viernes, 26 de noviembre de 2010

Todos somos unos salvajes

Tenía dos alternativas temáticas para escribir este artículo. La primera, tocar el tema del debate de mañana entre los candidatos a la Presidencia del Gobierno Regional de Puno, del que dependerá el voto de una gran cantidad de electores indecisos y que significará –esperemos- una oportunidad invaluable para el intercambio de ideas y el diálogo político de calidad; y, la segunda, comentar la escandalosa noticia de un cliente ebrio que fue agredido por la dueña del chifa donde comía. Qué tal contraste ¿No?

Y es que, luego de repensarlo sistémicamente una y otra vez, me he decidido por el acontecimiento que sin duda ofrece opción a más análisis y mejor examen; por la noticia que considero la más ilustrativa para hablar de deficiencias en el desarrollo integral de Puno, como región, como cultura y como grupo humano; por el dato que, personalmente, me llamó más la atención: Me he decidido hablar del populoso escándalo de chifería del jirón Moquegua que acaeció el domingo pasado por la noche en la ciudad de Juliaca.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Aguanta tu paso

No se puede vivir en una ciudad en la que las personas creen que son triciclos, los triciclos circulan como carros y los carros se estacionan como aviones. Más aún si se les coloca simultáneamente a los tres en una pista de apenas dos carriles y a alta velocidad. Sencillamente no se puede. Es por esto que desde hace un tiempo y como parte de un proyecto nacional de concientización vial es gobierno central ha estado planificando una campaña con respecto al tema.
Y, finalmente, ya está aquí. Ya tiene vigencia. Por fin ha llegado: El nuevo código de tránsito, en vigor desde el pasado lunes 15 de Noviembre, se asoma flamantemente al Perú con curiosidad y aparente firmeza, pues, definitivamente, con estas nuevas reglas- que tan nuevas no deberían ser- se nos devuelve la ilusión de vivir en ciudades con gente que cruce la calle pisando las líneas blancas y aguardando el paso cuando deba de hacerlo, con conductores que estacionen espontáneamente sus vehículos en los espacios permisibles y que, de ninguna manera, osen con soltar lúbricos y postpagados jefesitos a nuestras -ojalá- impertérritas autoridades de tránsito.
Las multas pueden oscilar entre 18 y 108 nuevos soles, y solamente para la primera vez un curso de educación vial puede redimir la infracción, a partir de la segunda falta es posible hacer horas de trabajo comunitario de acuerdo a la gravedad de la contravención, siendo 3 la cantidad mínima y 15 la máxima. Esta pues, es una medida para ciudadanos adultos, al menos legalmente; porque a los menores de edad que infrinjan la ley se les levantará una papeleta educativa que será enviada a sus padres.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Peligros futuros


“Anda, apresúrate, y no te olvides de pedir boletas” me decía mi mamá cuando, lista en mano, me insuflaba de órdenes e indicaciones para saldar las deudas, pedir informes y comprar dólares, provisiones no perecederas y artículos de oficina variados. Ya lo ven, todo un monaguillo mercantil a mis 13 años, movilizando un fajo de billetes que no hubiera podido terminar de gastar en semanas y exhibiendo mis amplios y entreabiertos bolsillos del pantalón de buzo que, tentadoramente, junto a un entonces carísimo celular con cámara, los dejaba ver y arrugarse en su valor descaradamente.
Y es que hoy en día un padre de familia que encargue a su retoño algo parecido solamente puede estar loco o deseando castigarlo, y un chico que camine con el desparpajo con el que otrora yo lo hacía solamente puede estar pidiendo su último deseo antes de que algún avezado forajido le caiga encima y le arrebate - en el mejor de los casos - lo de la luz, el agua, el préstamo, las copias y las mensualidades, o – en el peor - simplemente la vida. Porque Puno puede ser una de las regiones más seguras según el reporte de Juan Carlos Eguren, Congresista de la República, pero eso  a mí no me convence demasiado, pues la poquísima delincuencia que se reporta en la ruralidad regional- y que se reporte poca no significa que no haya mucha- desinflama el efecto de la brutal inseguridad citadina a la que los puneños, en general, le tememos y rechazamos categóricamente. La etiqueta de “ciudad segura”, naturalmente, no va. Y si alguien la pregona pues ondea una rotunda, deplorable y atenuante falacia populista y politiquera. ¿Segura, Puno? Por favor, pues.

Salvemos a la hada madrina


Cuando niño; armado hasta los dientes de botellas llenas de bolitas policromáticas y tres trompos grandes, pesados y asesinos; alternaba periódicas visitas entre mis dos lugares favoritos en el mundo: la piscina natural de Vilquechico y las islas naturales de los Uros.  Corretear y jugar en estos lugares sencillamente me desconectaban del tiempo y me enarbolaban de ensueño. Era pues, el lago Titicaca, al permitir que la piscina se abastezca de agua y que las redes de totora soporten el peso de sus campantes creadores, el mediador que hacía posible mi felicidad infantil. Casi como mi hada madrina.

Y hoy mi hada agoniza resignada a saberse abandonada por sus hijos.  Languidece.  Se envenena. Expira. Pues sus aguas, antaño frescas y transparentes, se han visto infectadas, orinadas y traicionadas por aquellos por quienes ella lo entrega todo. Y no es la responsabilidad exclusiva de la clase política, pues echarles la culpa a ellos es constitucional, pero también cobarde. Los puneños, absolutamente todos, desde el muchachuelo que arroja una bolsa de galletas a la superficie lacustre hasta la señorona que lava la ropa en el río Maravillas e inclusive el minero que labora ilegalmente en la cuenca del Ramis:  somos los culpables. Algunos con fieras cuchilladas al corazón, y otros ahorcándole el cuello o sencillamente viéndola morirse sin mover un dedo para evitarlo. Todos, directa o indirecta, disfrutando o sufriendo, homicidas o cómplices del delito, somos responsables de la muerte de mi hada. Del lago más alto, acrisolado y legendario de todos. Del Titicaca, señores.