sábado, 20 de noviembre de 2010

Aguanta tu paso

No se puede vivir en una ciudad en la que las personas creen que son triciclos, los triciclos circulan como carros y los carros se estacionan como aviones. Más aún si se les coloca simultáneamente a los tres en una pista de apenas dos carriles y a alta velocidad. Sencillamente no se puede. Es por esto que desde hace un tiempo y como parte de un proyecto nacional de concientización vial es gobierno central ha estado planificando una campaña con respecto al tema.
Y, finalmente, ya está aquí. Ya tiene vigencia. Por fin ha llegado: El nuevo código de tránsito, en vigor desde el pasado lunes 15 de Noviembre, se asoma flamantemente al Perú con curiosidad y aparente firmeza, pues, definitivamente, con estas nuevas reglas- que tan nuevas no deberían ser- se nos devuelve la ilusión de vivir en ciudades con gente que cruce la calle pisando las líneas blancas y aguardando el paso cuando deba de hacerlo, con conductores que estacionen espontáneamente sus vehículos en los espacios permisibles y que, de ninguna manera, osen con soltar lúbricos y postpagados jefesitos a nuestras -ojalá- impertérritas autoridades de tránsito.
Las multas pueden oscilar entre 18 y 108 nuevos soles, y solamente para la primera vez un curso de educación vial puede redimir la infracción, a partir de la segunda falta es posible hacer horas de trabajo comunitario de acuerdo a la gravedad de la contravención, siendo 3 la cantidad mínima y 15 la máxima. Esta pues, es una medida para ciudadanos adultos, al menos legalmente; porque a los menores de edad que infrinjan la ley se les levantará una papeleta educativa que será enviada a sus padres.


Además, si un peatón se niega a sufragar la falta, su nombre será ingresado a las centrales financieras de riesgo y hasta a Infocorp, esto sin contar con la imposibilidad de tramitar el brevete o recategorizarlo. Hasta aquí todo es muy prometedor, estimulante y hasta optimista, más aún sabiendo que en solo dos días de vigencia del nuevo código el Ministerio del Interior ya ha contabilizado miles de multas a nivel nacional.
Sin embargo, de acuerdo a lo que dijo Marco Agurto, experto en Educación Vial, en una conversación con RPP, esto no durará mucho tiempo, y si dura no será con la fuerza e ímpetu con la que se está lanzando la campaña, debido a que un importante número de policías interrumpen sus labores de orden público para imponer las susodichas papeleteas y esta no es una acción que pueda sostenerse en el tiempo. Es por esto que él cree que la campaña no tiene mucho futuro, “…Esto es para el enlace microondas, para salir en la foto, en los periódicos.  Para que comente hoy día el coronel, el viceministro y dé la apariencia de que están haciendo algo” dice.
Puede que sí,  puede que no. Lo único presumiblemente cierto es que, con papeletas o no, monetarias o académicas, inmediatas o a plazo, lo único que hacen las multas es castigar, no educar. ¿Qué hay de los programas de concientización peatonal dentro de los colegios? Nada, no hay nada de eso.
Y aunque en las dos principales ciudades de la región, Juliaca y Puno, este nuevo código esté empezando a adaptarse de una manera amigable y, más que nada, informativa; creo firmemente que un simple dispendio monetario no será suficiente para modificar el bien arraigado hábito de temeridad peatonal, que, sumado a triciclistas avezados, conductores  de mente fría e inexistente señalización adecuada, convierten a la ciudad en un pedazo de selva virgen, salvaje y sin reglas. En una suerte de área donde es común que se obedezca a muchas cosas y que se subordine a muchas otras, pero nunca, nunca, a las leyes.


Jim Pino Alarcón.
Publicado en el diario Los Andes el 19 de Nov del 2010.



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